“Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor.”
9 de abril de 2008
Pedigüeño
23 de febrero de 2008
La Manija (by J()§hØ)
Cuando se fue de su casa, sus padres se opusieron al principio y se resignaron con tristeza después. Ella dijo que quería independizarse. Ellos dijeron que la entendían, pero que quizás debía esperar a “encontrar a alguien” y eventualmente “juntarse” para vivir más tranquila. Finalmente se salió con la suya y se fue a vivir con Vero y Laura, dos amigas del secundario. Había conocido a Vero estando en 4º grado, y desde ahí siguieron juntas hasta graduarse, siempre siendo compañeras de banco. Con Laura no tenía tanta relación, no eran del mismo grupo, pero Vero había hecho buenas migas con ella en el viaje de egresados, durante el cual Mariela se había sentido un poco dejada de lado. Por supuesto que después de 2 años y medio de vivir juntas, el hielo se había roto desde hacía tiempo. Mariela había entrado a trabajar en un cyber cerca del centro y después de unos meses convenció a su jefe para que también contratara a Laura. Vero, por su parte, había tenido el trabajo asegurado desde siempre: era secretaria de su papá.
La casa que alquilaban estaba al fondo de la casa de los propietarios. Quedaba de un lado del centro, mientras que la casa de los padres de Mariela estaba del otro. No muy lejos, teniendo en cuenta lo reducido que era todo en el pueblo. La señora de adelante no tenía mejor cosa que hacer que espiar por las cortinas semitransparentes de su casa, cada vez que una de las chicas pasaba por el pasillo de lo que en algun tiempo remoto fuera un garage.
Mariela se sentó afuera del Banco de la Provincia, mientras pensaba todo esto. Los nervios no la querían dejar en paz. Había estado ensayando en su mente las palabras que les iba a decir. No quería llegar a casa sin estar decidida y segura de lo que iba a hacer. Ya había tenido la intención de hacerlo un par de veces ese año, pero nunca lo lograba. Los nervios la vencían. Se repetía a sí misma que eran sus amigas, que tenían que entender. Que, a fin de cuentas, ya la conocían como persona. Que nunca las había molestado, que no era fácil para ella llevar esa situación en silencio y que lo mínimo que esperaba de ellas era, si no aceptación, al menos tolerancia. Lo que para ella era tan simple, la llevaba a hablar de manera acartonada y difícil. Pero ésto no le parecía cómico. Más bien, le daba bronca y tristeza que tuviera que ser así.Ese día había amanecido con dolor de cabeza y en el trabajo se le había bajado un poco la presión. Un cliente se quejó porque dijo que lo había atendido mal, pero su jefe no le dijo nada cuando vio lo pálida que estaba. Faltando más de 3 horas para irse, la dejó ir. Mariela temía que quisiera cobrárselo después. Tenía fama de “viejo verde” pero con ella, por suerte, no se había propasado. Según Laura, que ahora se encontraba de vacaciones descansando en casa, tampoco se había portado mal con ella.
Mariela se levantó y siguió caminando. Le quedaban apenas un par de cuadras y un hormigueo le recorrió todo el cuerpo. Tenía la idea de llegar, sentarlas a las dos y decírselo sin rodeos. Si le salía mal y terminaba descubriendo que se había equivocado en confiar, todo San Faustino se iba a deleitar con los chismes de su vida privada. Muchos de ellos, seguramente inventados o exagerados.
Buscó la llave en su riñonera y abrió con el mejor pulso que pudo. Caminó hacia el fondo esperando encontrar a la vieja de adelante en la ventana, pero no estaba. Seguramente no la esperaba a esa hora y estaría durmiendo la siesta.
Respiró hondo y abrió despacito la puerta de la casa. No dijo nada. Cerró con suavidad, se sacó la riñonera y la dejó sobre la mesa. Las chicas, al parecer, no estaban. Pensó que el destino le jugaba una broma. ¡Tanto planificar para que las cosas no le salieran como esperaba! Se fue, cansada, a sacarse las zapatillas en su pieza. Laura era maniática del orden y ella la respetaba.
Cuando entró en la habitación, se asustó; las chicas estaban ahí y creyó que estaba sola en casa. Notó algo raro, se sentía todavía un poco mareada. Las saludó y ellas se quedaron mirándola, pálidas como si hubiesen visto un fantasma. Mudas, inmóviles. Vero se empezó a reír, nerviosa. Entonces, Mariela se dio cuenta. La ropa interior de las chicas estaba tirada por todo el suelo. Mariela no adivinaba si estarían vestidas, porque las sábanas las tapaban... a las dos. Estaban en la misma cama, abrazadas. No supo qué decir. Se dio vuelta para volver a salir, sin decir una palabra, mientras Laura se tapaba la cara con la almohada. “No te vayas”, dijo Vero. “Tenemos que hablar”.
"La revolución empieza por casa."
21 de febrero de 2008
¿Anticuado?
ud pispireta y atolondrada. Sí, tuve mis cosas en algún momento, pero cuando empezaba a divertirme, me decepcioné de un par de cosas y (extrasensiblero, melodramático, exagerado como soy), le corté el rostro a mi vida social. ¿Se supone que deba “recuperar el tiempo perdido” antes de que “sea demasiado tarde” y me arrepienta cuando “mire hacia atrás”? Si estuviera expresando todo esto con la palabra hablada, haría el gesto de “comillas” con los dedos. ¡Qué lo parió! ¡Me quedé en los 90’s y nunca encontré la salida!"La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella."
10 de febrero de 2008
El Compromiso II
- Conseguir un trabajo: Si bien no conseguí un trabajo estable, al menos puedo decir que tuve una experiencia... Duré una semana como recepcionista de un hotel antes de que me hecharan por hacer todo mal. Pero me sirvió, y mucho.
- Mejorar mi autoestima: Este es, probablemente, el punto en el que tuve más éxito. Me falta todavía un poco de seguridad, pero aprendí a sentirme muy bien conmigo mismo y eso me trajo mucha fuerza.
- Mejorar mi salud: En éste tiempo hice algo que creí que nuca iba osar hacer... Fui al dentista; varias veces. No sólo eso, también pasé por el oculista, que me hacía mucha falta. Además hice algo de ejercicio (durante unos cuantos meses, después, sinceramente, fui perdiendo el hábito).
- Mejorar mis relaciones sociales: Volví a tomar clases de salsa y tango y eso me ayudó a conocer algunas personas nuevas y a socializar mucho más. Y, si el amor entra en ésta categoría, tengo que decir que estoy mejor de lo que nunca había estado con mi pareja. Por otro lado, me alejé mucho de mis amigos sin saber bien por qué.
Ahora, no puedo abandonar éste compromiso conmigo mismo. Tengo mucho por hacer. Ya verán, el 10 de febrero de 2009, cómo sigue la cosa. Por ahora, me siento muy bien.
"El deseo vence al miedo."
10 de enero de 2008
Cosas que Uno Escucha
Situación: J()§hØ sale a comprarse un sweater (a mí nomás se me ocurre comprarme uno en pleno verano... ¿Seré re heavy y re jodido?).
Lugar: Una tienda del centro a la que no pienso volver.
Entro al cambiador a probarme el susodicho producto y mientras procedo a hacerlo, mis oídos captan la siguiente conversación que se llevaba a cabo con total impunidad:
Dueño del comercio: (algo que no llegué a entender) ...como Secreto en la Montaña... jeje... anoche ví esa película.
Empleada 1: ¿Cuál?
Dueño del comercio: Secreto en la Montaña
Empleada 1: ...ah...
Empleada 2: ¿Cuál es?
Empleada 1: La de los trolos.
Dueño del comercio: Sí... ¡Je! ¡Dejáte de joder! ¡Una cosa es saberlo y otra es verlo! ¡No podés!
Empleada 1: Che, pero yo no entendí el final, porque el otro se muere...
Dueño del Comercio: (interrumpiéndola) ... sí, porque el otro no aguantaba verlo al otro cada dos meses, porque uno era más trolo que el otro y el otro era casado... y después la mujer lo ve besando al tipo.
Empleada 2: ¡Qué bárbaro!
Dueño del comercio: ¡No podés pasar esas cosas!
Empleada 1: Yo no sé, mirá...
Salgo del probador pensando en agarrar a Empleada 1 aparte y decirle “decile a tu jefe que acaba de perder un cliente por toda la sarta de pelotudeces que estaba diciendo”... pero no lo hice. Le tiré el sweater de mala gana, diciéndole “no me gusta, es muy finito... pero gracias igual, chau”.
Me arrepiento mucho de no habérselo dicho.
”El ignorar su propia ignorancia es la maldición del ignorante.”
5 de enero de 2008
Disfraz
Suele suceder con el paso del tiempo, las situaciones vividas, los caminos elegidos... Las cosas sale
n mal, muy a menudo. Entonces nos crece una piel de rinoceronte, nos disfrazamos de cortezas, nos plastificamos. Creemos que suprimiendo nuestros sentimientos y nuestras ganas vamos a vencer lo que sea que queramos vencer. Y perdemos a quienes nos hacían felices, porque sienten que cambiamos... nos autoconvencemos de que eso no es cierto, de que ELLOS son los que cambiaron. Y después, con un poquito de suerte, volvemos a romper el cascarón, y se cae; de a poco y a pedazos. Pero, de todas maneras, ya no somos los mismos de antes. Quizás seamos mejores. Quizás no.
Todavía no sé si “lo digo por experiencia”
"A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro."
10 de diciembre de 2007
Poema Pedorro #1: Autoflagelo Diario
Espera
Desespera
Busca
Rebusca
Encuentra
Desencuentros
Porque ama
El desamor
Y cuando cree
Que llegó hasta el fondo
Descubre
Redescubriendo
Que el cambio
Y el recambio
De su persona
No fueron más
Que mentiras
Y lo desmiente
"Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores."



